sábado, 31 de mayo de 2008

INMOBILIARIA Y EROTISMO

Inmobiliaria y erotismo

Este blog lo inicié en otro espacio, bajo otro nombre….el blog me desapareció por el universo sideral que es “interné” y decidí rehacerlo con otra filosofía.

En su inicio fue pensado para escribirlo cronológicamente, respetando un orden, un “timing”, como dicen, odiosamente, muchos comentaristas y tertulianos…He roto con esta idea al igual que rompieron mi blog en otro espacio destinado a ese fin. Me lanzo, pues, a la frescura y a la espontaneidad que casan más con el día a día y la necesidad de expresar.

No os he contado que desde que dejé la ciudad y me instalé “en provincias”, “ a pagès” como decimos en Catalunya, me he dedicado a muchas cosas, actualmente trabajo en el sector inmobiliario, que ya sabéis todos, a fecha de hoy, está muy jodido, y más jodido que va a estar.

Trabajo todos los fines de semana, el vivir cerca del mar también debía de tener algún inconveniente, ¿no?, y suplo la falta de visitas con la lectura de novelas eróticas. No os podéis imaginar como esta lectura me sube el ánimo y …otras cosas.

Puestos a decir majaderías, opino que la gente compraría muchos más inmuebles si recibieran como garantía el gozar de una vida sexual sin límites en ella. Los obstáculos que suponen: ahorrar, ir al banco a negociar, hipotecarse, se verían ampliamente superados por la recompensa que obtendrían: Satisfacer todas-he dicho, todas- sus fantasías sexuales-.

Os confesaré que nunca me ha pasado lo que ocurre en el film “Último tango en París”, en el que mostrando un piso Marlon Brando se folla a la inquilina contra la pared casi mientras cierran el contrato de alquiler. Pero ante la tristeza de la coyuntura financiera y la sequía en las ventas, que ésto me pasara, sería un aliciente, digamos que compensaría.

Dicen que esta desaceleración, alias “crisis”, pondrá al sector en su lugar. Los hogares recuperarán su valor como hogar. Toda esa alegría artificial hizo que nos desprendiéramos de su contenido y viéramos el continente como la gallina de los huevos de oro. El momento de vender su casa al mejor postor ha pasado a la historia. Bienvenidos a la cordura, bienvenidos al mundo real.

DIUMENGE DE COMIAT

Aquest diumenge ha estat estrany. Avui li han fet un comiat al sogre. Ell té ja més de setanta anys, però fins fa pocs mesos ha estat en actiu. Sempre tornant a començar després de cada aventura professional. N'ha tingut unes quantes...i crec que no pararà fins que el seu cos l'aturi. Per motius de salut ha decidit deixar la feina actual, era massa dura a nivell físic, però dubto que ho hagués deixat si la feina no li comportés aquest esforç. Haver de matinar, carregar maletes amb mostruaris pesats, conduir tot el dia...

Érem poquets i ens han convidat als fills i joves, i nets...El sogre ha estat content, i suposo que agraït. Sentimentalisme, en la mesura justa...la feina és massa dura, i les històries d'amistat existeixen, però amb el temps te n'adones que molt molt poques són incondicionals a la feina.


El sogre ha tingut sort, ha invertit molt en els amics i a la llarga aixó li ha salvat la papereta. Els amics l'han respost, i aquest ,en concret, l'ha ajudat a sobreviure els darrers anys de la seva vida amb tota la dignitat possible, i l'ha permés retirar-se amb un coixinet que 60 anys de feina no han aconseguit farcir mai...


La vida és apassionant, avui mirant el sogre em preguntava qué sentia en aquells moments, els darrers al costat del seu amic, els darrers de contacte amb el món professional. Crec que no vol mirar enrere, crec que no vol mirar endevant. Millor així...

viernes, 30 de mayo de 2008

PUTAS DE CARRETERA

Cada día me desplazo desde casa a la oficina en coche. Tenemos la oficina en otro pueblo cercano a unos 12km. Y cada día recorro diferentes carreteras, rotondas y cruces. Habitualmente conduzco escuchando la radio, aunque últimamente estoy cansada de hacerlo, no me apetece, siempre lo mismo: política, agua, cambio climático, crisis financiera, descenso en la construcción, accidentes de tráfico, cine (cada día más malo)….estoy perdiendo el interés.

Hay algo en común en las vías por las que circulo, las putas de carretera. Todas van con gafas de sol, mini faldas, escotes prolongados, y unas larguísimas botas de charol que acostumbran a ser blancas o rojas. Son esas mismas botas que llevaba Julia Roberts en Pretty Woman. Todas esas mujeres parecen haberse puesto de acuerdo en llevarlas como un signo de identidad, y supongo que indirectamente, para ser como “la Pretty Woman”, rescatada por un guapo millonario y ver su sueño hecho realidad.

Hace ya muchos años que se sitúan en los mismos puntos, con su sillas de plástico, tostándose y bronceándose al sol en verano o bajo amplios paraguas en invierno cuando llueve, da igual que sea de día, de noche, día laborable o festivo, allí están ellas, luciendo palmito, mostrando atributos, y haciendo señales picaronas con sus labios a los conductores que reducen su marcha para mirarlas.

A veces veo furgonetas, camiones o coches de alto stánding en el descampado cercano, me imagino que las chicas están haciendo su trabajo a algun cliente que realmente debería estar haciendo el suyo, pero anda tan caliente o tan falto de amor que esa puta de carretera le arregla el día, no sé por cuánto dinero.

Muchas veces estoy tentanda de parar el coche y hablar con ellas, tengo dudas sobre cómo pueden trabajar en esas condiciones, cómo se lavan el coño, si los clientes repiten, si hacen amigos, por qué hacen lo que hacen, por qué en la carretera. La vida de las prostitutas siempre ha tenido un imán para mi. En los libros y en las películas el personaje de la prostituta siempre es una mujer, bella, moderna y con mucha experiencia, que sirve al protagonista de cobijo, de confidente, con la puta se puede hablar de todo, y siempre te dará un buen consejo, un consejo para seguir con tu vida, que no es la suya, ya que ella, muy bien sabe , no es del mundo políticamente bien visto.

Hay putas de calle, putas de bar, putas de puticlub, putas de lujo, esposas putas profesionales (que gracias a ellas la familia sale adelante con permiso de los maridos). Puta, la profesión más antigua. Pienso en Maria Magdalena, en Mata Hari, en la Bella Otero…en tantas mujeres extraordinarias que escogieron, o les tocó ser putas. Gracias a su profesión conocen el fondo completo del hombre, del ser humano, tienen una dimensión que algunas mujeres nunca ni siquiera intuiremos…

Ellas siguen trabajando, ajenas a quienes pasan, esperando ganar ese dinero que les permita seguir adelante, y lo peor es que quienes conducimos a veces ya ni las vemos, están ahí como las farolas, las vallas o los ramos de flores que sólo tienen importancia para quien perdió allí un ser querido. Dudo que nadie pare y les regale a ellas una flor, dudo que en la carretera se conviertan en Pretty Woman.

Camins cap als cementiris

Us heu fixat que bonics són els camins cap als cementiris dels pobles?...sempre he pensat que els hem fet així d'agradables pensant en el dia que el recorregut es farà per a nosaltres.
Normalment són camins frondosos, no massa lluny del poble, vies, sendes més aviat estretes, però prop les carreteres, per visualitzar-los amb claredat, per recordar-nos sempre que aquell és el darrer camí a recòrrer.
Camins que a la primavera queden esquitxats de flors de colors i que a la tardor els colors groguegen, i que a l'hivern perden les fulles i el verd, i a l'estiu sembla que és quan queden més buits, ja ho diuen " a l'estiu tota cuca viu". Camins que tenen bancs per reposar i que et deixen temps per pensar fins que arribes a destí, potser per fer balanç, potser per recordar el que podies haver fet i no vas fer, potser per empenedir-te d'allò que vas dir...qui sap!, penses que potser ja és tard.
Sempre m'han agradat els camins cap el cementiri, a la comarca on visc estan envoltats de vinya i de moreres. Els cementiris són un bon lloc per pensar acompanyat però sense ser destorbat. L'estrany silenci que rodeja els morts és acollidor, convida a quedar-s'hi. Però no cal avançar-se, i en el fons no cal que t'hi convidin, naixem convidats a l'etern somni de la pau.

Amigas Hermanas

El pasado miércoles descubrí que mis mejores amigas se habían convertido en mis hermanas. Es curioso como hechos tan transcendentales e importantes siempre los descubres gracias a los demás que en el fondo son ajenos a todo.

A esta altura de mi vida la amistad tiene un valor fundamental, y me he dado cuenta que soy rica en amistad, que los amigos y amigas que tengo son de verdad.

Tengo amigas que conocí en la infancia, éstas las conservo , aunque las veo poco, pero nos hablamos cada Navidad, nos vamos poniendo al corriente, y me invade una ternura extraña cuando las tengo al teléfono.
Tengo amigas de la universidad, con las que cumpliré 20 años de relación, ÍNTIMA, a ellas les cuento lo que nadie más sabe de mi, ellas me han visto crecer, evolucionar, enamorarme, desenamorarme. fallar, crear, parir, llorar, reir, bailar, viajar...incluso a una de ellas la he visto y sentido morir. Ellas se han convertido en mis hermanas, hermanas deseadas y escogidas, hermanas queridas, sin obligaciones, sin compromisos, sólo de forma sincera.

Tengo también un tesoro secreto, alguien a quien conocí a los 16 años, y que después de veinticuatro años regresó a mi vida, en el justo momento que yo más necesitaba un apoyo sincero. Creo que es el amigo más especial que tengo y no me imagino mi vida actual, ni las siguientes vidas sin él.

Mi marido con el tiempo se ha convertido en mi amigo, en mi compañero de viaje, aunque este rol no era el que estaba previsto en un principio, me gustaría haber vivido fuegos artificiales con él siempre, tener mil mariposas en el estómago antes de verlo, que mi corazón latiera con fuerza siempre al oir su voz....él me dijo un día : "lo feliz es algo que ocurre la primera vez". Y así es.


Cuidad a vuestros amigos, como quien cuida su preciado jardín. Alimentad esas relaciones, decidles que los queréis, abrazadlos siempre que podáis ...el tiempo pasa y aunque lo sabemos no somos concientes que lo que vivimos no regresa, que la vida es un camino de una sola dirección, sin retorno posible. "Caminante, no hay camino, se hace camino al andar...." "al girar la vista atrás, se ve la senda que no has de volver a pisar"

Consejos Inmobiliarios....de buen rollo

Queridos lectores y amigos -bueno apenas he recibido algún comentario en mi blog, pero espero recibirlos, cuántos más...MEJOR- el tema inmobiliario está FOTUT (como decimos en Catalunya). Estaría bien que los bancos al menos no pusieran palos en las ruedas, y que nosostros (compradores y vendedores) utilizáramos el sentido común...últimamente perdido ya que estaba sumergido en la famosa "burbuja"...

Si deseamos comprar una nueva vivienda, pero tenemos primero que vender la nuestra:

1.- Póngamos un precio de venta REAL, ajustado a la realidad, por favor. No un precio "de deseo". Da igual las reformas que hayamos hecho en el piso, pensemos que quizás nuestro comprador no las aprecia y hará las suyas. No queramos ganar un 200% con esa venta ya que no es justo ni real.
2.- Salgamos a comprar la nueva vivienda cuando el precio de la antigua lo tengamos bien ajustado, veamos que tenemos visitas, y que podemos dejar esta vivienda para instalarnos en la nueva. Recordad: Un inmueble vacío tiene muchísimas más posibilidades de venta que uno habitado.
3.- No nos cerremos a las financieras que nos ofrecen gran variedad de productos financieros, nos dan la posibilidad del cambio. Tenemos que aclararnos ¿Queremos o no queremos cambiar? Si el banco nos pone inconvenientes tenemos que buscar otras alternativas: Alquileres con opción de compra, hipoteca Cambio de casa....etc....
4.- Cambiar de casa vale dinero, no salgamos a comprar sin haber ahorrado al menos para los gastos del notario y unas mínimas arras.
5.- Valoremos muy bien la decisión de un cambio de casa, pros, contras. Es una compra muy importante , la vivienda es un derecho.
Y por último , pero no menos importante:

6.- Dejémonos aconsejar por un profesional, él hará una valoración de nuestro caso y nos orientará sobre las mejores opciones. Busquemos un API de confianza que conoce el mercado de la zona y nos dirá quién nos va a vender el mejor inmueble con las mejores condiciones.

Gracias amigos

jueves, 22 de mayo de 2008

JUSTICIA INJUSTA

El otro día veía en televisión un programa sobre el caos en los juzgados. Las imágenes eran definitivas, despachos con cientos de expedientes, montones de papeles y papeles que figuran que son carpetas con denuncias, reclamaciones, detenciones de miles de nosotros, los ciudadanos. Me dió por empezar a desconfiar de la justicia....como tampoco podrías confiar en cualquier profesional con tal desorden en su trabajo. Es inevitable que se produzca el error. El orden, la informatización, el cumplimiento del procedimiento, es imprescindible para realizar este trabajo.
Lo que más me impresionó fue la entrevista a una magistrada, que mostraba su resignación e impotencia ante esta situación. ¿Cómo se ha podido llegar a este límite? ¿Qué cara puedes poner ante errores que cuestan la vida a personas, a niños? ¿Por qué se dedica tan poco presupuesto a modernizar nuestra justicia?

Todo este caos me recordó mis épocas de funcionaria de la administración local. La descoordinación entre las diferentes áreas, la duplicación de trabajo, la sobredimensión de estructura, la poca responsabilidad de los funcionarios, técnicos, cargos de confianza, regidores sobre el trabajo que realizaban, eran paralizantes Dedicaré algunos escritos a este período de mi vida, aprendí mucho, pero me pasó factura, acabé con una depresión con ataques de ansiedad, mi médico me dio la baja, pero mi voluntad era la de curarme y lo conseguí por mis propios medios, creando mis propios mecanismos para gestionar esta clase de situaciónes. Conclusión: De esta crisis salí reforzada, muy reforzada.

Espero que pase así con la justicia, que la situación de caos nos aboque al orden, al control. Que al personal que se contrate se le dé una mínima formación para ejecutar el procedimiento de acuerdo a la legalidad, como toca en una Administración de Justicia. Que el papel vaya desapareciendo, con la sola visión de tales montañas de dossiers, es imposible no desesperarse... y que los errores sean los mínimos, mínimos....ánimo al padre de Mari Luz, le admiro por su iniciativa de recogida de firmas para que un error fatal en nuestro sistema judicial no pase factura a la vida de otro ser humano.

MERCEDES


Es domingo de Carnaval, desde que dejé la ciudad, cada año disfruto del desfile que se celebra en el pueblo costero en el que vivo y de donde es originaria mi familia materna. Acabamos de comer y mi madre trae a la mesa un gran álbum, “son fotos que hizo tu abuelo”, me dice. “Vaya, no sabía que el abuelo era fotógrafo”, le contesto. “Pues, sí, pero lo era a escondidas de tu abuela, él mismo revelaba sus carretes en un cuartito oscuro que tenía en casa”; “Mamá, ¿y a la abuela por qué no le parecía bien?”- pregunto. “Pues, hija, todo eso era muy caro, y ella no le encontraba el sentido”.

De esas fotos han pasado al menos ochenta años, la mayoría fueron tomadas entre los años veinte y treinta, antes de nuestra Guerra Civil, y ahora tienen mucho sentido, ya que formarán parte de un hermoso libro que un grupo de historiadores y arqueólogos del municipio publicarán próximamente, pero eso mi abuela no lo sabía, ella sabía de muchas otras cosas.

Entre todas esas fotos había una suya, detrás del mostrador de la carnicería que mis bisabuelos tenían en la Calle Principal. Ese mostrador, actualmente nos parecería muy pobre, hecho de madera blanca, encima del mármol poco producto , todo arropado con manteles de hilo blanco rematados con puntas de bolillo, una huevera colgada con media docena de huevos blancos, y mi abuela, tan delgadita, vestida con su delantal, impecable, cortando la vianda.

Cuando tuve esa foto en mis manos, me ocurrió como en la novela de Proust, aunque ya había acabado de comer y no mordí ninguna magdalena, viajé a mi infancia, a esos veranos que pasé con mi abuela en la década de los setenta, y que vistos en perspectiva han marcado mi forma de ser, mi carácter, en definitiva toda mi vida.

Mi abuela solía contarme que su padre siempre le decía: “Niña, no vas a pesar nunca más de tres onzas”; a mi en esos entonces me parecía imposible ya que mi abuela, no era muy alta, pero estaba entradita en carnes, su cara era redondita, sus ojos castaños, la nariz prominente, su dentadura, postiza, perfecta, con un color de esmalte muy natural, y un diente de oro que le encantaba lucir cuando sonreía. Cuando nos íbamos a dormir, ella sumergía su flamante dentadura en un vaso de cristal que tenía encima de su mesita de noche, y me mondaba de risa cuando me hablaba y me hacía carotas con sus encías al descubierto, nunca olvidaré ese sonido tan peculiar de la dentadura al ponérsela y sacársela.

De buena mañana, al despertar, mi abuela hacía gimnasia encima de su cama, bueno más que gimnasia era un movimiento de rótulas, Siempre me contaba que desde los treinta y seis años tenía dolor en sus rodillas, y ella misma se obligaba a moverlas cada día, ya que no estaba dispuesta a que la dejaran inmovilizada por el dolor. A mi me gustaba mirarla y emularla, yo también movía mis rodillas, mientras ella cantaba alguna canción que había aprendido en el coro escolar, nada más lejos de la tendencia “funky” que se avecinaba a finales de los setenta. Y ahí nos tenéis a las dos, dale que te pego con las piernas alzadas, dibujando molinillos hacia delante y hacia atrás. Las rodillas de mi abuela parecían cantar su propia melodía ; sonaban a bisagras oxidadas chirriando al compás de la música.

Minutos más tarde llegaba la hora del aseo. Mi abuela se lavaba “a plazos”, primero la cara, después los pies, después los bajos, como ella decía. Vaya, que tenía una flamante y moderna bañera con ducha de teléfono y sólo la utilizaba una vez por semana. A mi me hubiera gustado ducharme cada día, como hacía en la ciudad en casa de mis padres, pero la presión del agua era tan floja que os aseguro que acababa antes adoptando el método a plazos.

Las camas en casa de la abuela se deshacían y se hacían todos los días del año. Nada de arreglarlas, como hacemos actualmente con las fundas nórdicas. Además los colchones eran de lana, y cada día se giraban y se apaleaban con una especie de raqueta de tenis que a mi me parecía divertidísima. Entre las dos girábamos el colchón superior, había dos, y hacíamos las camas con esmero. Mi abuela siempre me contaba la misma historia.: Su madre, mi bisabuela, nunca dejó que nadie hiciera su cama. Mi abuela siguió con esa costumbre, siempre decía que la cama era algo tan íntimo y personal que nadie, a no ser uno mismo, debía hacérsela. Lo que son las cosas. Actualmente me hago yo la cama, no me gusta que nadie me la haga y mi hija siempre me pregunta “mami, ¿quién te ha enseñado a hacer así las camas?”, yo siempre le respondo “la yaya”, y me dice con una sonrisa “me encanta que me la hagas tú, mami, noto todo tu amor”.

Los desayunos en casa de la abuela eran después de ir a comprar el pan. Mi abuela vivía muy cerca de la panadería pero en el pueblo había varias y cada día me hacía ir a una diferente, costumbre de los pueblos, a todos se les debe complacer. El pan de Bernat era un poco soso, y el de Irene no muy tostado, el mejor era el de Marcel. Un pan cocido en un horno de leña, y con un sabor tan bueno que nunca jamás he vuelto a probar uno igual, y os aseguro que lo busco. Cuando tocaba ir al horno de Marcel, tenía que madrugar más, me encantaba la coca de pan con azúcar quemado que preparaba todas las mañanas, pero era tan popular que se acababa enseguida. A mi abuela esa coca no le gustaba, decía que era tan seca como Lidia, la mujer del panadero, pero en realidad lo que le pasaba es que su dentadura no resistía morderla sin que su integridad peligrara.

Durante el desayuno, el tema principal era qué haríamos ese día para comer. Mi abuela era una excelente cocinera, de las mejores. Siempre me contaba historias de cuándo era joven y durante las fiestas del pueblo, todos sus hermanos, eran siete, iban a comer y a cenar. Ella mataba los pollos o los conejos, y preparaba unas cazuelas sabrosísimas para todos, o unos arroces para chuparse los dedos. De postres hacía pasteles, aunque su especialidad era el brazo de gitano de crema. En la cocina era feliz, todo lo mezclaba a ojo de buen cubero, no necesitaba pesar los ingredientes, parecía un alquimista preparando la más sutil de las pócimas. A mi, su sabiduría culinaria me impresionaba. “Hoy haremos callos”, me dijo. “¿Y eso qué es, abuela?”, “Ya te lo contaré por el camino”, contestaba.

Para salir de casa mi abuela era de las que se arreglaba, era una mujer muy elegante, se peinaba con un moño a lo Grace Kelly, tenía poco pelo, como ella decía, pero sabía sacarle el mejor partido. La ropa interior de mi abuela era la prueba definitiva de que pertenecía a otra época. Nunca la llevaba negra, decía que a mi abuelo no le gustaba, pero él hacía años que ya había muerto. Sus bragas las podríamos clasificar como talla súper maxi grande superior. Le llegaban hasta por debajo del pecho, éste iba cubierto con un corsé hasta la cintura que modelaba su figura y por encima de las maxi bragas una faja que casaba con el corsé abrochándola con unos botones. La tarea diaria de instalación de esa ropa interior era encomiable pero más aun la de las medias que iban atadas a la faja mediante unas ligas que eran una obra de ingeniería ligera. Una vez la parte interior estaba “en orden” se ponía uno de sus bonitos vestidos de verano, con unos zapatos de rejilla que se adaptaran bien a sus juanetes. Volvía delante del espejo, y se aplicaba un poquito de colorete Maderas de Oriente de Myrurgia, y carmín en sus labios que eran muy finos. “Qué guapa estás, abuela”, le decía yo mirándola embelesada a través del espejo, y ella siempre me contestaba “es que quien tuvo, retuvo”

Salir a comprar con mi abuela era como ir a la mili, ella había tenido también una tienda de ultramarinos después de la guerra civil, y tuvo que vérselas con las cartillas de racionamiento. Siempre me contaba la miseria que se pasó en el pueblo, pero que ellos eran afortunados, tenían carnicería y tienda de comestibles, además mi bisabuelo era pastor y el recadero del pueblo, eso le permitía hacer muchos “business” como diríamos ahora.

Mi abuela me contaba que para pesar los alimentos utilizaba un papel muy grueso, así podía ir sisando parte de lo que pesaba, que quedaba en casa, un poco de arroz, unas cuantas patatas, algo más de legumbres, y de esa forma complementaba su alacena, lo que permitía que su familia nunca pasara hambre.

Así que cuando alguien intentaba hacer lo mismo con ella lo detectaba al momento, sabía quien tenía la balanza trucada, ella también lo había hecho, o quien daba gato por liebre. Era exigente al máximo con la comida y me enseñó a saber distinguir los productos frescos, de primera calidad, de los que estaban a punto de caducar, aún cuando antes no se ponía fecha de caducidad en casi ningún producto. Donde mejor lo pasaba era en la carnicería. Cuando la veían llegar, a los carniceros ya les entraba como un sudor frío, porque ella les daba instrucciones muy concretas de lo que quería y ay, del pobre carnicero que fuera aprendiz, ya que ese día recibiría una “master class“ impartida por mi abuela. Pero, lo crítico, era cuando me mandaba a mi sola a la compra. Al llegar a casa vaciaba la cesta , pasaba revista a todo lo que había comprado y me explicaba los errores que había cometido, “ves, estos tomates no están lo suficientemente maduros”, “la judía está tierna cuando al romperse entre tus dedos cruje”.

A mediodía empezábamos a cocinar, su cocina era muy pequeñita y disponía de los utensilios básicos, todos eran muy antiguos. La abuela no era amante de los nuevos electrodomésticos, con el único que cedió fue con el mini-pimer. Yo le hacía de pinche, le picaba la cebolla, le rallaba el tomate, le ayudaba a mezclar la masa de las tartas, admiraba su arte, y escuchaba todas sus instrucciones. Era reacia a explicarlo todo pero viéndola aprendí todos sus trucos, esos que no contaba a nadie. Con mi madre apenas he cocinado. Es curioso, pero mi madre es cocinera “inspirada”, no le gusta la cocina del día a día, le gusta hacer cosas espectaculares y sofisticadas, con ingredientes caros, de primera calidad, se atreve con recetas de chef francés, para ocasiones especiales, pero la rutina diaria la aburre. Aunque, para hacerle justicia, nadie prepara como ella las croquetas de pollo y los flanes de huevo. Con mi abuela tuve la oportunidad de cocinar día a día y aprender a aprovecharlo todo. El agua de cocer la verdura es ideal para preparar un caldo fino vegetal con juliana o fideo cabello de ángel. El pescado frito que sobra está buenísimo con una rebanada con pan con tomate para cenar.

Después de comer, mi abuela se sentaba en su sillón y se dormía, pero que no se me ocurriera fregar los platos durante ese rato, los platos eran cosa suya. Más tarde he pensado que le gustaba hacerlo, tenía una ventana delante del fregadero, a la que asomaban unas buganvillas de los vecinos que estaban preciosas en verano y creo que se relajaba fregando platos y gozando de las flores.

Por la tarde, casi siempre, nos íbamos de visita, como ella decía. Visitábamos a su cuñada que vivía en la plaza del pueblo, o a la otra cuñada que vivía en la calle Principal, en una casa de estilo indiano, con un gran recibidor lleno de esculturas que a mi me parecía tétrico. Le preguntaba “abuela, ¿hoy también iremos a la casa de los fantasmas?”, ella se reía a carcajadas, su risa era muy contagiosa, bonachona, sincera, su diente de oro brillaba, y casi siempre acababa con lágrimas en los ojos de tanto reír. En esas reuniones de tarde siempre se hablaba de los temas de actualidad del pueblo, del último cotilleo, y también del pasado, de lo que se hacía cuando ellas eran jóvenes. Nunca me aburrí escuchándolas hablar de cómo se morían los niños cuarenta años atrás, de tifus, de accidentes con braseros, de enfermedades que ahora se pueden curar con antibióticos; de cómo sus maridos habían luchado en la guerra, se habían escondido, o se habían defendido, de cuan miserable era la vida durante esa post-guerra tan gris y pobre para la mayoría, pero el mejor de los temas era el de la escuela. Mi abuela siempre me hablaba de su maestra Doña Plácida.

Doña Plácida era aragonesa y soltera, accedió a la plaza de maestra del pueblo y vivía en la misma escuela. Tenía en su clase niñas de todas las edades, no se separaban por cursos como ahora. Todas las niñas le tenían miedo porque cuando explicaba la lección y alguna de ellas no atendía, doña Plácida paraba la clase y le preguntaba a esa niña que qué estaba explicando, la niña, claro, no sabía contestar y la maestra se dirigía a ella apuntándola con un enorme sello que llevaba en el dedo anular y golpeándola con él en la frente decía “Si las tontas volaran, ¿dónde estaríais vosotras?”

Mi abuela tenía una hermana catorce años mayor que ella, de hecho era hermanastra, pero eso es para contarlo en otra historia. Siempre me explicaba que su hermana Teresa le cosía todos los vestidos. Compraban revistas “de maniquís”, y mi abuela y ella decidían cuál cortarían para lucirlo en las fiestas del pueblo, que se celebran para la Virgen del Carmen, en julio. Su hermana cosía para mi abuela unos vestidos tan estilosos que, según ella, era la envidia de todo el pueblo. Esos vestidos los complementaba con todos los accesorios, bolso, zapatos, y sobretodo los pendientes, creo que mi afición a ellos se la debo a mi abuela, que los tenía de todos los tipos y estilos. Recuerdo con muchísimo cariño que cuando nació mi hija, mi abuela vino a visitarme al hospital y me regaló sus pendientes con aguamarinas y brillantes, unos de sus favoritos.

A la abuela no le gustaba ir a la playa, era de las que pensaba que estar moreno hacía de payés, que la blancura de la piel denotaba categoría y mejor clase social. Pero los tiempos habían cambiado y la playa de mi pueblo es maravillosa, una de las playas con más yodo de la costa mediterránea. Así que como vio que el sol iba bien para sus rodillas algunas mañanas cambiábamos la rutina habitual y bajábamos a la playa. Ella se ponía una gran pamela y un bañador negro muy elegante, réplica de su sistema de ropa interior. Bajábamos con una hamaca sobre la que ella se tumbaba. Apenas si se mojaba las piernas en el mar, no sabía nadar, y me vigilaba con máxima atención mientras yo lo hacía. Era muy estricta con el horario, y parece que era avanzada a su tiempo, ya que siempre me decía que a la una debíamos volver, “el sol de pasadas la una es perjudicial para la piel “, me sermoneaba. Y sí, tenía mucha razón, lástima que no le hice mucho caso. Con el tiempo fue aceptando esa moda del bronceado, y algunos veranos se quitaba la pamela y dejaba que el sol la tostase un poco más y, realmente estaba guapísima.

Cuando echo la vista atrás y pienso en mi abuela, me invade una gran ternura, la misma que ella me dedicó durante todos esos veranos. Fue la mejor abuela que una niña puede desear, estricta pero flexible, comprensiva y siempre atenta a todo lo que me ocurría. La echo de menos cuando estoy cocinando, preparando alguna de las recetas que ella me enseñó, y no la puedo llamar para preguntarle qué especie le echaba a ese guiso, o cuánto tiempo lo ponía al horno.

Estoy muy orgullosa de haber dejado la ciudad al nacer mi hija, y mudarme al pueblo donde pasaba mis veranos. Me instalé en la misma calle donde vivía mi abuela y pudo disfrutar de su bisnieta ocho maravillosos años. Siempre me decía que tenía una hija guapísima, y rara era la tarde que no se pasaba por casa para jugar con ella.

Mi abuela dejó un poso profundo en mí. Me enseñó a saber disfrutar de las cosas sencillas y de las personas a las que más quiero. Me mostró parte de su pasado y me explicó historias que ahora cuento a mi hija. Vivió independiente hasta cumplir los, noventa y cuatro años y os aseguro que, mientras pudo, nunca dejó que nadie le hiciera su cama ni lavara sus platos.


Este relato quiero dedicarlo a todas las abuelas, que cuidan de sus nietos.

40. CRISIS O CAMBIO DE CICLO

De niños, los mayores, nos dicen lo que no debemos hacer, “niño, no grites”, “eso no se toca”, “cállate, niño”. Cuando crecemos y entramos en ese período adolescente efervescente, hacemos todo lo que nos prohibieron de niños: Gritamos en botellones y manifestaciones, tocamos lo que no suena, y decimos lo que pensamos en crudo, sin aderezos, sin importarnos las consecuencias. Los mayores perdonan esa etapa, dicen que es culpa de las hormonas, “la naturaleza que es muy sabia”; pero nos siguen marcando camino, “debes estudiar una carrera”, “aprende un oficio, ponte a trabajar”. Y así lo hacemos, estudiamos y nos echamos novia, nos casamos, y al final nos hipotecamos, que “para pagar un alquiler, mejor que sea algo tuyo”. Y una cosa trae la otra, y los mayores preguntan “ y ¿cuándo nos haréis abuelos?”, así que tenemos un hijo a quien pronto le diremos lo que no debe hacer. Y en el ecuador de nuestra vida, ahí nos quedamos nosotros, planteándonos si ese camino lo hubiéramos recorrido de la misma forma, ahora que nosotros ya somos los mayores y nadie nos dice lo que toca hacer.