lunes, 28 de septiembre de 2015

TELÉFONOOOOOOO....mi casa

Aún a riesgo de parecer jurásica, que mi hija esté medio viviendo en Barcelona ha provocado que "retome" el placer de hablar por teléfono.
Todas las tardes nos llamamos, y comentamos el día: sus clases, los  nuevos amigos, qué ha comido, cómo se siente.
Desde que yo era adolescente,  no me había colgado al teléfono durante mogollón de tiempo para hablar del día a día, de los pequeños detalles, de cosas que no sean meros mensajes tipo información "no podré ir mañana, te llamo en otro momento".
Recuerdo que en aquellos entonces, corrían los años 80, sólo nos  podíamos comunicar de ese modo con los compis del cole y del instituto...y si algun@ nos gustaba  nos podíamos tirar HORAS hablando; siempre cuando nuestros padres no estaban en casa, claro y con la grandísima diferencia que no existía la Tarifa Plana.
Cuando veía en el buzón la carta-factura de telefónica, temblaba; sabía que mi padre pondría el grito en el cielo "pero ,  qué es esto, ¿con quién coño habéis estado hablando por teléfono?
Era sumamente estresante no poderme alargar en mis conversaciones porque estaba allí mi padre, delante de mi, con los brazos cruzados, preguntando ¿con quién estás hablando?" Y yo contestaba "con menganito, del instituto" Y él respondía ¿Pero no os lo habéis dicho todo esta mañana?, si queréis hablar ,quedad para tomar algo, por Dios, me vas a arruinar?
Lo mejor era cuando hablaba con algún noviete y le mentía diciendo que estaba hablando con una amiga sobre los deberes del insti. Aunque siempre corría el peligro que mi padre descolgara algún otro teléfono de la casa (supletorios, se llamaban)  y espiara mi conversación...eso sí que era una jugada!
Los teléfonos por aquel entonces eran de colorines, tipo góndola, de plástico brillante y se marcaban los números rodando unos discos...me encantan los teléfonos. Una vez, para preservar mi intimidad, mi madre me dio permiso para instalarme uno en mi habitación, era azul cielo, una cucada. Pero, ay mi padre! cuando lo vio...todavía oigo sus gritos, menudo berrinche.
Aunque, he de decir en su favor que, cuando reñía con algún chico con el que estaba saliendo, mis padres eran el mejor filtro, mentían por mi de una forma espectacular. "No, lo siento, no está. Estará fuera todo el fin de semana. Le decimos que te llame, ¿vale?, ¿quién dices que eres?"
Qué tiempos aquellos...era bonico decir "no, cuelga tu"..Y el otro te contestaba "no, primero tu", y sentarte en el suelo o tenderte en la cama hablando de chorradas, escuchando la respiración,  al otro lado del aparato.
Ahora, preferimos escribir, mensajes largos, cortos, más o menos concisos , con trillones de faltas de ortografía, y encima podemos añadir imágenes, fotos...y emoticonossss.  También conversamos por SKYPE...ciencia ficción en los 80.
La tontería de colgarme al teléfono se me curó de golpe después de trabajar dos años en una multinacional de telefonista...aborrecí el teléfono, para siempre jamás. Nada como una buena conversación con un cafecito delante o una cervecita.

Ahora, adoro charlar con mi hija por teléfono...es el mejor momento del día, aunque no estoy tan segura de si a ella le gusta tanto...

martes, 15 de septiembre de 2015

RECURRENTE

Hay recuerdos que son imborrables, aunque con el tiempo acaben llenos de polvo. Los años de universidad es uno de ellos, suelen ser años salvajes que recordamos con mucha nostalgia, años en los que todo estaba por hacer , en los que  mente y cuerpo son entes efervescentes y hay mucho mucho por descubrir.
Hoy estos recuerdos vuelven a la luz, mañana mi hija inicia la universidad y me encantaría hacerme pequeña, cual Alicia, y meterme en su flamante carpeta para poder vivir de nuevo todas esas emociones.
Los años pasan y ahora todo es muy diferente: matrículas por Internet, horarios por avanzado, grupos de Whattsapp, créditos...se me queda la cara de pasmo cuando me cuenta todas esas cosas.
Cierro los ojos y la veo bajando del autocar que la llevó por primera vez al Instituto, parecía que volvía de la guerra, fatigada y con "mamitis". Mañana será muy diferente, la que tendré "hijitis" seré yo, que estaré como un saco de nervios esperando que me lo explique todo...aunque las madres nunca lo saben todo, ya lo sabéis.

Empieza una nueva etapa, vamos a vivirla intensamente, aunque siento "profunda envidia",  esa envidia de la buena, porque me encantaría volver de nuevo a esos años universitarios , que para mi fueron , de los más felices de mi vida.